Vida social.

Hay personas que rehúsan el trato social. Se aíslan y prefieren no ver a nadie. Ni les place apenas que les vean. Cierto, es el extremo contrario de los que se prodigan tanto que sólo viven una existencia exterior atribulada. Pero, vamos a hablar de los primeros. ¿Has pensado alguna vez que visitando a los otros discretamente puedes hacer un bien? y en el que ellos, ¿pueden recibir del intercambio social?.

Quien se cierra puede terminar, posiblemente, convirtiéndose en un malhumorado. Puede hacer sufrir a quienes tiene a su alrededor. Acercarse a los otros ofrece la posibilidad de superar las ideas monopolizadoras y de oxigenar el propio medio personal. Hace profundizar en el hecho de que hay alguien que sufre mas que yo y que todavía puede aportar alguna cosa. De manera que visitar a los demás revierte en beneficio propio.

Eso sí, conviene ser discreto. El contacto social pide prudencia y respeto. Con precaución y sosegadamente, paradoja síntesis, conviene hacerlo. La negación total no tiene ningún sentido. Podría ser debida al egoismo o a algún complejo.

«Es que los demás molestan», decía la voz. «Pero también ayudan», respondía el eco.

P. Casalta. Febrer 16.

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