Relaciones de bolsillo.

Una relación de bolsillo exitosa es agradable y breve. Podemos suponer que es agradable porque es breve, y que resulta agradable precisamente debido a que uno es cómodamente consciente de que no tiene que hacer grandes esfuerzos para que siga siendo agradable durante más tiempo: de hecho, uno no necesita hacer nada en absoluto para disfrutar de ella. Una relación de bolsillo es instantánea y descartable.

 

Para que la relación adquiera éstas maravillosas cualidades, tiene que cumplir previamente ciertas condiciones. Esto es indudablemente otro punto a favor de la “relación de bolsillo”, ya que su éxito depende de ti y sólo de ti; por lo tanto, eres tú quien ejerce el control a lo largo de la corta vida de “la relación de bolsillo”.

 

Es condición necesaria y suficiente embarcarse en la relación con total conciencia y claridad. Nada de amor a primera vista…nada de enamorarse. Nada de esas súbitas mareas de emoción que te dejan sin aliento: nada de esas emociones que llamamos ”amor” ni de esas que sobriamente denominamos ”deseo”. No debes permitir que la emoción te embargue ni conmueva, no debes permitir que te arrebaten la calculadora de la mano.  La conveniencia es lo único que cuenta, y la conveniencia debe evaluarse con la mente clara, y no con un corazón cálido (por no decir ardiente).

La otra condición es mantener las cosas en ese estado, recuerda que la conveniencia necesita poco tiempo para convertirse en su opuesto. Así que no permitas que la relación se te escape de la cabeza, ni que desarrolle su propia lógica, ni que ocupe otros territorios saliéndose de su bolsillo, que es donde pertenece. Estate alerta. No bajes la guardia. Si adviertes que aparece algo que no negociaste y que no te interesa, ha “llegado el momento de seguir viaje”. Si viajas con cautela, evitarás el hastío de la llegada. El tráfico es lo que le depara el placer.

 

De modo que mantén tu bolsillo vacío y dispuesto. Muy pronto necesitarás poner algo allí y- cruza los dedos- lo harás…

 

 

Nota.

 

No es un alegato contra el amor ni las relaciones  afectivas. Es una reflexión para analizar que nuestro bienestar depende de nosotros mismos, y que en ocasiones nos vemos en situaciones con personas, a las que no dimos confianza para alcanzar ese vínculo, y como, eso mismo, nos hace rehenes en contra de nuestra voluntad dificultando nuestra realización personal y bienestar.

 

P.Casalta. Junio 2012.