Pensamientos negativos.

miedoCuando estamos ante una situación o ante una persona la emoción que sentimos no es consecuencia directa de estar expuesto a esos estímulos reales, como la mayoría de las personas piensa, sino que es el resultado de lo que nos decimos a nosotros mismos sobre esa situación o esa persona. Realizamos un juicio valorativo sobre lo que estamos percibiendo y en función de que ese juicio sea positivo o negativo, así será la emoción producida.

Las ideas o frases interiores que manifestamos internamente pueden ser de varios tipos: a) pensamientos descriptivos reales; b) pensamientos que describen nuestro estado emocional; c) pensamientos de autoayuda que nos orientan para afrontar la situación de forma adecuada; d) pensamientos negativos automáticos. Estos últimos son los que con mayor frecuencia utilizan las personas con déficit de autoestima para evaluar lo que perciben de su entorno y también para atacarse y juzgarse a sí mismas. Si los pensamientos son sistemáticamente negativos, la mayoría de las emociones que experimentarán las personas serán emociones negativas. Por tanto, son éstos los únicos pensamientos que deben aprender a sustituir por otros que le produzcan emociones más agradables o , al menos, emociones neutras pero no negativas. Con esto conseguirán evitar parte del sufrimiento emocional.

Las características principales de los pensamientos negativos que tanto malestar provocan y que son fundamentales para que los niños y adolescentes conozcan y aprendan a identificarlos a tiempo, pudiéndolos sustituirlos por otros que produzcan menos daño emocional, son:

Los pensamientos negativos son automáticos, rápidos e involuntarios. Aparecen de pronto en nuestra mente y con tanta fuerza que no se ponen en duda.

Su contenido siempre aporta una visión oscura, distorsionada y negativa de uno mismo, del mundo de los demás y del futuro.

No están basados en la realidad, no son pensamientos lógicos. Constituyen una deformación de la realidad, es decir, una realidad interpretada de forma errónea.

Aparecen cuando utilizamos esquemas erróneos de pensamiento a la hora de interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor y a nosotros mismos.

En consecuencia, aprendemos a hacer una evaluación de que lo que nos rodea no es demasiado real u objetivo, y entre lo que vemos y lo que almacenamos en la memoria incluye interpretaciones propias basadas en experiencias anteriores que casi siempre nos perjudican.

No es indicativo de una lesión cerebral, por tanto, se trata de un mal hábito aprendido.

Y todo lo que se aprende se puede desaprender.

 

P. Casalta. Junio 16.

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