Los propios problemas.

Fácilmente encontramos personas que, después de una breve conversación de circunstancias, suelen contar sus problemas personales. Cualquier encuentro cotidiano suscita una queja pública respecto a esto o aquello. Es chocante, recientemente, una persona que públicamente se lamentaba de no tener ningún cargo que se le tenía que haber otorgado. Porque, según ella, le correspondía.

Hay actitudes que, tanto si se quieren como si no, son impúdicas. Aunque uno las etiquete de nobleza y sinceridad. Las personas deberían tener vergüenza, a menudo, de sus problemas personales. Con más razón cuando se trata de sus propios suspiros y afanes. La falta de pudor perjudica la imagen personal  y va en contra de quien la posee. Porqué a los que no saben nada, tanto les da, y aunque parezca que se obtiene el asentimiento, no se consigue atraer a nadie a la propia causa perdida. Como máximo se consigue enturbiar y se crea desprestigio. Habría estado mas digno y noble sufrir silenciosamente.

Además, el sujeto puede labrarse el camino para otra ocasión que habría permitido la posibilidad de sus aspiraciones.

Y, por otro lado, es mas fuerte creerse el mas apto para un determinado cargo. Alerta! Alguien decía, ingeniosamente, que tendemos a querer ascender hasta lo máximo de nuestra incompetencia. También se explica el chiste del tartamudo que quería ser locutor y que no era admitido, decía, porqué le tenían manía.Sí, todos tenemos algún pájaro en la cabeza. Por eso tenemos que intentar conseguir el realismo, el autoconocimiento y también la medida de las circunstancias exteriores.

 

P. Casalta. Agosto 16.

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