Los despistados.

 

No es infrecuente encontrar personas despistadas. Incluso a algunas se les tolera las distracciones benevolmente y en un tono que está entre la resignación y la condescendencia. Por aquello de que haremos si es así!.

El calificativo de despistado, no es una cualidad de la persona. Al contario, ha de ser inscrito en la nómina de los defectos. Porque ésta gente suele vivir o absorta en su propio mundo o en una dispersión considerable. De ésta manera uno no cae en los detalles, o grandes cosas, de la vida cotidiana. La posición del despistado, aunque pida disculpas, no deja de tener un aspecto ridículo y en mas de una ocasión causa perjuicios a otros. Ciertamente, la distracción como falta, no deja de transpirar inhumanidad. Y las personas formales acaban sufriendo a los informales.

 

El despistado ha de procurar salir de él mismo, poner orden en su vida, establecer prioridades, valorar los sentimientos de los demás, intentar ser puntual, abandonar la improvisación, anotar las cosas en la agenda, y, evidentemente…leerla a tiempo. Esto le facilitaría un ejercicio de responsabilidad personal y ahorraría a los demás, constantemente, que le perdonen. Un poco de esfuerzo se vería recompensado por una aceptación mas grande y por un trabajo mas eficaz.

Conviene tener presente la tendencia al olvido de aquello que no suscita interés  y también el noble interés por las causas buenas y dignas. Abriendo los ojos al entorno, el despistado descubrirá muchas cosas y personas interesantes, y que, seguramente, enriquecerán su propia personalidad.

 

P. Casalta Ferrer. Agosto 16.

 

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