¿Juguete de una idea? No, gracias.

Leí hace un tiempo atrás, un consejo lleno de sabiduria: conviene velar por no convertirse en un juguete de cualquier idea que se nos pase por la cabeza. Advertencia importante para quien, alejado de las tensiones inútiles, quiera vivir en paz y hacer mas ágil el clima de su hábitat.

En efecto, nuestra sensibilidad es muy pasional por lo que hace a las ideas. El hombre siente la pulsión de la idea. La historia tiene testimonios elocuentes. Las ideas, como los marcianos de los videojuegos, acuden con gran fluidez a la mente. Reiterando intensamente su presencia. El cerebro humano llega a elicitar hasta ¡50000 pensamientos al día!. Persistentes, intentan someternos y monopolizarnos. Tienden a tiranizarnos. Y a hacernos tiranos. Hay que pensar, sí, pero en orden. Lo justo. ¡Que esfuerzo tan difícil la renuncia a una idea personal!. Dando por hecho que debemos poseer directrices irrenunciables, hemos de procurar domesticar nuestras sensaciones-ideas.Cuidado con sacar la mente a pasear…

Con todo ésto,a lo que me estoy refiriendo son a determinadas obsesiones sobre cuestiones personales. Y también a las dudas o posiciones negativas» por principio». No, no hay que ser ligero a la hora de acoger cualquier idea. Porqué se puede experimentar la metamorfosis de juguete a víctima. Las ideas, en ocasiones, deben estar un tiempo en la sala de espera. Madurarán o se marchitarán. Porqué , mas de una vez, pensamientos aparentemente vigorosos se desvanecen. Y, entonces, recobramos nuevamente la luz, la alegría, y el motivo de la opción. Es una actitud de prudencia sostener, incluso en las vicisitudes inevitables,la tutela del propio yo. Lejos del esclavismo de cualquier idea que intente secuestrar el corazón. Es en este lugar sagrado donde sólo tienen lugar los pensamientos buenos y rectos. Porque tu corazón es el que hace digno tus actitudes como persona.

P. Casalta Ferrer. Febrero 16.

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