Fin de la vida.

Los seres humanos son individuos. Disfrutan de las experiencias de la vida en forma diferente. Una de las experiencias que todo el mundo sufre es el fin da la vida. Cuanto mejor pueda la gente entender y abordar este inevitable evento, mas plenamente podrá vivir.

La muerte es siempre muy dura no solamente para la persona que ha muerto sino para los sobrevivientes. En nuestra cultura de paso rápido y de negación, se espera que los sobrevivientes sean valientes, supriman el miedo y tengan éxito en los asuntos de la vida, aunque los sentimientos de la perdida hieran profundamente. Necesitan ser expresados antes de que los sobrevivientes puedan aceptar lo que ha ocurrido, curar las heridas y reorganizar sus vidas.

La aflicción es el hecho objetivo de la pérdida: el cambio de estado de sobreviviente, por ejemplo, de esposa a viuda o de niño a huérfano. El luto se refiere al comportamiento que asumen los dolientes y la comunidad después de una defunción: la noche de velación irlandesa, en la cual los amigos y la familia hacen vigilia y brindan a la memoria del difunto; la semana judía de shiva, durante la cual la familia permanece en casa para recibir a los visitantes; o izar una bandera a media asta para señalar la muerte de un personaje publico.

Pena es la respuesta emocional de la persona afligida, que puede expresarse de diferentes maneras, desde la ira hasta el sentimiento de desolación.

Las culturas tradicionales ayudan a las personas a sobrellevar la aflicción y el dolor en forma estructurada, a través de ritos de luto que son universalmente entendidos y tienen significados aceptados. En nuestra cultura diversificada, muchos parientes o amigos del difunto carecen de tales estructuras tranquilizadoras y que brindan satisfacción. A medida que las viejas costumbres caen en desuso, los afligidos pierden apoyos valiosos para sobrellevar su pena. Yo, distingo varias clases de pena: pena anticipada, que puede empezar antes de que la muerte ocurra; pena normal, que sigue a la muerte; y pena patológica, en la cual la persona muestra síntomas de disturbios emocionales.

En el periodo de pena anticipada, los familiares y amigos de la persona que ha permanecido enferma por largo tiempo, siempre se preparan para la muerte, experimentando síntomas de dolor mientras la persona esta todavía viva. Esto siempre ayuda a manejar mejor la situación cuando la muerte acontece. Sin embargo, si tal pena anticipada hace que los sobrevivientes se delaten mientras  la persona todavía está viva, puede crear una sensación devastadora de soledad para la persona enferma de gravedad.

Pena normal. La aflicción usualmente sigue a un patrón bastante  predecible. Con el fin de resolver la pena en forma saludable, la persona afligida debe aceptar la dolorosa realidad de la perdida, gradualmente debe dejar el vínculo con la persona fallecida, organizar la vida sin esa persona y desarrollar nuevos intereses y relaciones.

Este duro proceso se ejecuta en tres frases:

1.- La fase inicial, que puede durar varias semanas es impactante e increíble y puede proteger al doliente de reacciones intensas. Los sobrevivientes siempre se sientes perdidos, aturdidos y confundidos. La respiración cortada, el pecho y la garganta herméticos, las nauseas y el sentimiento de vacío en el abdomen son comunes.

Como la certeza de la pérdida los inunda, la etapa inicial da paso a un sentimiento arrollador de tristeza, el cual se expresa con llanto frecuente.

La segunda fase, que puede durar 6 meses o mas es la preocupación por el recuerdo de la persona fallecida. El sobreviviente se queda solo para hacer frente a la vida diaria, trata de llegar a entender la muerte, pero no puede aceptarla. El llanto frecuente continúa y la persona pude sufrir insomnio, fatiga y pérdida de apetito. Una viuda, por ejemplo, puede volver a vivir la muerte de su esposo y su relación entera, revisar todos los detalles en su mente y en su conversación, en una búsqueda obsesiva del significado de la muerte de su esposo. De vez en cuando puede verse atrapada por el sentimiento de que su difunto esposo está presente: ella oirá su voz, sentirá su presencia en su cuarto. Y aún verá su rostro ante ella. Puede tener sueños vividos con su esposo y, de repente, se despertará y se dará cuenta de su pérdida. Estas sensaciones disminuyen con el tiempo, aunque suelen repetirse- tal vez por años- en ocasiones, como el aniversario de su matrimonio o de su muerte.

La fase final, resolución, aparece cuando la persona reanuda el interés por sus actividades diarias – cuando los recuerdos de la persona desaparecida traen sentimientos cariñosos (mezclados con tristeza) en lugar del dolor agudo y de la nostalgia-. El viudo extraña a su difunta esposa, pero sabe que la vida debe continuar, se convierte en un ser mas activo socialmente, sale mas, ve a diferentes personas, reanudando viejos intereses y, tal vez, descubriendo otros nuevos. Muchos sobrevivientes se sientes fortalecidos y orgullosos de haberse recuperado.

Pena patológica. Cuando las reacciones asociadas con el dolor normal llegan a ser o tener una intensidad poco común, normalmente se las considera patológicas. Bajo el lema: » El Dolor no se explica…no es tema de conversación. El dolor se sufre…se siente…se vive». Es mas probable que ocurra el dolor patológico si el doliente tiene una historia de desordenes de personalidad, perdió alguno de sus padres en la infancia, tuvo una relación dependiente u hostil con la persona fallecida, o si sufrió muchas crisis cuando ocurrió la muerte. En ocasiones el dolor patológico puede demorarse o deformarse. En caso de demora, el doliente parece, en primera instancia, estar en forma poco usual, bien controlado, y los amigos pueden maravillarse ante su fortaleza. Pero, al negar el dolor, la persona lo fuerza hacia dentro y puede desarrollar problemas físicos como asma o colitis, o también experimentar un dolor profundamente agudo mas tarde.

El dolor deformado se convierte en hiperactividad compulsiva, identificación con la persona muerta, deterioro físico, alejándose de la sociedad o con severa depresión.

La mayoría de las personas que han sufrido la muerte de alguien pueden sobreponerse a su dolor con la ayuda de familiares y amigos y reanudar su vida normal.

Los terapeutas profesionales nos basamos en ayudar al doliente a expresar su pena y sus sentimientos de pérdida y culpa, de hostilidad e ira. Alentamos a nuestros pacientes a revisar sus relaciones con el difunto y a integrar el hecho de la muerte dentro de su vida; así ellos pueden sentirse libres para desarrollar sus nuevas relaciones y nuevas formas de comportamiento hacia los familiares sobrevivientes.

P. Casalta. Enero 2011.

El Dolor no se explica…no es tema de conversación. El dolor se sufre…se siente…se vive.