El apego es un vínculo afectivo de naturaleza social que se establece entre personas: los niños y niñas con quienes les ofrecen cuidados, normalmente la madre, el padre u otros familiares. Este vínculo suele durar toda la vida y mantiene su influencia después de la muerte de los padres.

Cuando el adolescente, joven o adulto establece relaciones de pareja estables, y éstas se viven con satisfacción y seguridad en el compromiso, es muy frecuente que la pareja se convierta  en nueva figura de apego, incluso que ocupe el primer lugar de la jerarquía, y que se mantenga como tal, mientras las relaciones de pareja sean razonablemente adecuadas. A veces, incluso cuando son inadecuadas,  persiste la relación de apego, lo que puede convertirse en una dificultad para la superación.

Cuando el apego se establece con la pareja, el sistema de apego se mezcla con otros afectos, vínculos y sistemas como el sistema sexual (deseo, atracción, enamoramiento y las conductas sexuales) la intimidad y el sistema de cuidados, etc… aunque debe distinguirse claramente de ellos.

Cuando las personas mayores tienen hijos o hijas que les quieren y ya son capaces de prestarle ayudas eficaces en la vida (porque son mayores), éstos pueden convertirse en figuas de apego de sus padres.

En algunos casos las relaciones de amistad y las relaciones de cuidador-menor o persona cuidada, pueden acabar dando un salto cualitativo y convertir al otro/a en figura de apego. Pero no puede olvidarse que la relación de apego supone una incondicionalidad que no es propia de los amigos/as o cuidadores/as.

Lo característico del apego, supone haber construido la idea de que la figura de apego nos  quiere, nos protege, nos ayuda y, en el mejor de los casos, nos es y nos va a ser incondicional.

Desde lo emocional, este vínculo va acompañado de sentimientos de pertenencia y dependencia, a la vez que se disfruta de la intimidad (entendimiento y fluir compartido de emociones: comunicación y apoyo emocional). La presencia y seguridad en la figura de apego genera estabilidad y bienestar emocional; la ausencia o inseguridad provoca ansiedad, miedo, etc.

Desde lo comportamental el apego se expresa en esfuerzos por mantener la proximidad, en interacciones íntimas  de diversos tipos, peticiones de consuelo y ayuda, llamadas, etc. Esta figura es la base desde la que se organiza la exploración y las relaciones con el mundo físico y social, de forma que actúa como base de seguridad, desde la que se explora, y refugio cuando cesa la exploración o aparecen problemas.

La conciencia del apego, los sentimientos de apego y las conductas de apego se acentúan cuando la persona se siente necesitada, vulnerable, enferma y también cuando, por unas u otras razones se vive una exaltación del encuentro emocional o amoroso.

Naturalmente que la construcción mental, las emociones que se viven y las conductas en que se manifiesta cambian con la edad, pero esencialmente tienen la misma función nuclear: conseguir de la figura de apego, seguridad( protección), intimidad y cuidados.

Esta función nuclear, desde el punto de vista de la especie, es el favorecer la supervivencia, asegurándose un protector-cuidador.

Por eso, las características más apreciables de la figura de apego son: la aceptación incondicional. La capacidad para proteger y cuidar. La intimidad , entendida como capacidad de comunicación y apoyo emocional.

Pasqual Casalta. Diciembre/2010.

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