De familia monoparental.

Algunos progenitores se encuentran en la situación de educar al hijo solos sin haberlo querido de este modo. Son los divorciados o viudos. Otros lo eligen libremente, en su mayoría madres. Pero todos tienen los mismos interrogantes: ¿estoy a la altura?, ¿doy la talla?, ¿soy capaz de ser madre y padre a la vez?. Como no hay otro progenitor con quien tomar decisiones, el que educa solo, sopesa cada asunto, cada decisión, dos o más veces, siente la responsabilidad con mayor peso y sufre más sentimientos de culpabilidad.

Culpabilidad por no ofrecer al hijo el modelo de una familia unida y por no poder ser madre y padre al mismo tiempo, algo imposible. Y también preocupación por las consecuencias de la ausencia de un progenitor, acompañada de la tendencia a achacar los problemas del hijo a los efectos de tal situación. Si no rinde bien en el colegio o se enzarza en peleas con los compañeros, la madre (o padre) fácilmente piensa que es por culpa de educarlo solo (en realidad influyen muchos mas factores).

Educar solo a un hijo lo han hecho a lo largo de la historia muchas mujeres (y algunos hombres) y, no es necesariamente negativo, pero conlleva una serie de dificultades típicas que conviene tener presentes.

Transmitir autoridad.
La adolescencia es una etapa difícil para cualquier padre, y más para el que educa solo.Una separación(o muerte) tiende a intensificar la adolescencia, y las conductas típicas (oposición, independencia) se acentúan,en parte porque el joven se siente dolido por la ausencia de su progenitor. Esta etapa es una fase de dudas existenciales, y si los padres no sostienen en pie su relación, las dudas aumentan. El adolescente, además, busca libertad. Al educador le corresponde vigilar esta independencia para fomentar la responsabilidad del joven. De ahí surgen discusiones. Además, el padre «ausente» puede seguir ejerciendo su autoridad. No está físicamente presente en el día a día, pero puede estarlo a nivel emocional. Conviene que los dos se pongan de acuerdo sobre temas relevantes, como la elección de una carrera, el «sí» o «no» para la moto, los hábitos a la hora de salir, etc… las opiniones del padre se pueden integrar en las discusiones. Para hacerlo bien, no hay que idealizarle ni utilizarle como la autoridad severa. Se trata de que él esté allí, desde la distancia, para apoyar la vida cotidiana con los adolescentes.

El teléfono también es un buen aliado para este fin. Uno puede ocuparse solo de los hijos, pero no puede educar solo. Una persona sola no puede transmitir al hijo todas las normas y valores que un joven necesita para formar su identidad. Si el otro progenitor no está disponible como segunda referencia, es importante recurrir a un familiar o amigo con cierto poder educativo. El progenitor que educa solo no debe temer el rechazo del hijo, ya que en ese caso le costará tomar decisiones y será fácilmente vulnerable al chantaje emocional del hijo. Hay que confiar en el propio sentido común. Cierto distanciamiento entre padres e hijo en esta fase es inevitable y necesario para que el joven encuentre su identidad.

¿Qué les suele suceder a los padres que educan solos?

El estrés, por no poder delegar en otras personas todo lo relativo a la educación del hijo.

La soledad y el aislamiento por no comentar con nadie lo que sucede en el día a día. De ahí que sea básico buscar apoyo en personas cercanas.

El cansancio, por tener que cumplir con los horarios correctos para sus hijos y con todas sus obligaciones.

La sensación de culpa y la disminución de autoconfianza por creer que no están educando bien a los hijos o que falta la figura del otro progenitor.

La parentificación es decir, buscar un confidente en el hijo.

¿Qué podemos recomendar?

Crearse una red de apoyo(amigos, madres separadas,familiares, etc…).
Hablar con otros adultos sobre temas personales, la educación, etc…
Formar nuevos hábitos y costumbres que llenen la vida de modo satisfactorio, como salidas y excursiones con otros padres, hacer cursillos, etc.
Asimilar lo mejor posible lo ocurrido y buscar el entendimiento con la ex-pareja. Los cónyuges que logran seguir ejerciendo de padres de modo armonioso sufren menos, aun sin contar con el apoyo del otro. Además,en estos casos, los hijos superan antes el trauma de la separación.
No asumir el rol de víctima de la situación. Esta actitud aniquila la propia energía para salir de la situación.
En caso necesario,buscar ayuda profesional.

P. Casalta Ferrer. Junio 2014.