Cuando los demás son lo de menos.

 

Los momentos difíciles producen estar mas pendiente de uno mismo. Los tiempos difíciles y complejos producen mayores dosis de ensimismamiento, estar mas por uno, atender lo suyo. Podriamos suponer que las dificultades nos abrieran a los demás y supiéramos pedir ayuda, pero la necesidad de superar las dificultades hacen que nos centremos en nosotros mismos.

Frases como: «Céntrate en lo tuyo»,  “Bastante tengo con lo mío”, suenan tan contundentes que justifican el desinterés por lo que nos distraiga de ello. La desconfianza en los demás hace el resto.

Cuando vamos a lo nuestro, a nuestro interés, estamos en nosotros mismos,  los demás están de más. Los demás son lo de menos.  En éstos tiempos donde triunfa el individualismo, el «cada uno a lo suyo». Nada como que: «cada uno debe sacarse las castañas del fuego», » no molestes con tus cosas», » a lo tuyo tú». Los otros, visto así, son el resto,las sobras,nada importante ni decisivo. Excedentes.Sin rostro ni palabra. Y es que una cosa es la autoeficacia, la responsabilidad de  lo tuyo y otra el ensimismamiento.

Y claro, encerrado en uno mismo, sólo es prioritario lo nuestro, nuestros objetivos, nuestros criterios, nuestros métodos.Seguramente ese exceso de fijación obsesiva en lo nuestro nos lleve a la soledad, al secretismo.
Probablemente salir de uno mismo se resolvería, abriéndonos, escuchando,compartiendo, sabiendo pedir ayuda…pero todos conocemos casos de personas»encantadas de haberse conocido», y encerradas en sí mismas. Que no comparten, que no interaccionan, que no contrastan, son ellos y ellos son así. Esperar que sean los demás los que nos liberen de nosotros mismos es tan inútil como lo es creernos autosuficientes.Y la experiencia se consigue desde lo sabido y vivido.La experiencia se tiene cuando ya no hace falta.  No hay mapas, ni hojas de ruta.Y se aprende por contraste con los otros, con los demás, asumiendo que de todo se aprende. Desde las vivencias personales con las de los demás surge la con-vivencia.

¡Qué difícil se nos hace dejarnos ayudar!. Siempre hay resistencias.
A veces encerrarse en uno mismo, es una forma de no afrontar, de evitar el doloroso afrontamiento de uno mismo con los demás. Más que de encuentro contigo eres víctima de tí, de tus miedos.Paralizado, escondido. Quizás el miedo a cuando nos miren, a que nos desprecien, hace que nos hagamos invisibles.Y no nos damos permiso para salir de nuestro caparazón.
El verdadero sí mismo es más que un simple yo individualista. Aunque parezca cobijado y a buen recaudo, está solo y desconectado, y lo mas peligroso, no tiene con quien contrastar su aprendizaje. Hay que madurar, afrontar, no nos sirve el » yo soy así». Siempre hay caminos, quizás no muchos, y quedarse quieto tiene que ver mas con la impotencia que con la realidad. No podemos quedarnos al margen de la realidad. Hay que despertar del ensimismamiento, del «yo, mi, me, conmigo», de ese autismo autosuficiente y autodefensivo. Hay que salir de esa rueda, de ese círculo.
Estar tan pendiente de uno mismo y no ver a los demás, porque son lo de menos, implica ver el fondo del cuadro pero no el marco. No vemos el contorno. No hay contraste.

El ensimismamiento impide ver. Sólo vemos lo que nos conviene, ese es el prisma.  En tal caso, ni siquiera cabe la introspección, ni hay ámbito para lo interior, ni es posible la intimidad. Es estar sin estar. Todo da igual. La  indiferencia está servida.  El yo viene a ser idéntico a sí mismo, sin distancia, sin historia, sin lenguaje.

A veces, el ensimismamiento es olvido y desconsideración para con lo ocurrido, ignorancia, incultura, que adopta la forma de la desvinculación respecto de cuanto nos ha sucedido y sucede. Ensimismados, los otros son decorado, ocasión, oportunidad, instrumentos, peaje, medios o incomodidades para lograr los fines propuestos. Entonces, los demás están de más. Y ni siquiera son ya los otros. Son obstáculos. Bastante tenemos con nosotros mismos. Bastante, en efecto, pero bastante poco.

 

 

P. Casalta. Octubre 2012.