El complejo de Edipo.

El Complejo de Edipo, consiste en que hacia los tres o cuatro años, el niño siente por su madre, y la niña por su padre, complejo de Electra, una atracción particular. Sentimiento que,  sin que los pequeños sean conscientes, comporta un cierto grado de sensualidad. El progenitor del mismo sexo aparece como un rival molesto que se trata de apartar, de ahí el comportamiento agresivo del niño respecto a su padre y de la niña respecto a su madre.

La agresividad hacia ellos no tarda en provocar intensos sentimientos de culpabilidad, agravados por toda clase de fantasías de castigo. LLegados a éste punto  quisiera comentar varias cosas:

En primer lugar la actitud comprensiva de los padres ayuda a solucionar este conflicto y el hijo puede salir de este complejo de Edipo. En caso de solución feliz, el niño trata, en su deseo de superarle, de parecerse a su rival; acaba entonces por identificarse con él, en una especie de solidaria convivencia, en la que padre se vuelve un modelo para el niño. Lo mismo que le ocurre a la niña con su madre. Lo peor que le puede pasar a un niño es “ganar la batalla de Edipo”. Por ejemplo por divorcio y desaparición del hogar del padre del mismo sexo. Así vemos que el hijo que de alguna manera “se sale con la suya”, luego resulta ser el perdedor  en el desarrollo de su vida. Ahora bien, este conflicto, que parecería apagarse durante la fase de latencia (6 a 12 años), se vuelve a encender con la eclosión de la pubertad. La maduración genital y el despertar de las pulsiones sexuales vuelven a sumergir al adolescente en pleno drama edípico. El complejo vuelve a estar servido, pues que el adolescente acepte su virilidad o su feminidad significa – en el lenguaje del inconsciente-  entrar otra vez en rivalidad con el progenitor del mismo sexo por el amor del otro.

Los sentimientos de culpabilidad y angustia que había suscitado el conflicto inicial son reactivados. Para escapar de ellos el adolescente empieza, habitualmente por rechazar violentamente las imágenes parentales. Se opone, de alguna manera, a dejarse colocar de nuevo en el penoso engranaje del complejo de Edipo, e intenta romper con el mundo de los adultos. Pero estos modelos adultos no serán definitivamente rechazados, sino que una vez haya conseguido ser autónomo, volverá a ellos. Asimismo la fase de ambivalencia (amor y  odio al mismo tiempo, por ejemplo) por la cual pasan los sentimientos  del adolescente respecto a sus padres, no suprime totalmente el apego que siente por ellos: únicamente transforma la naturaleza de los vínculos. Sin embargo, el abandono de las antiguas identificaciones parentales priva al adolescente del sentimiento de su propia identidad, creando en él un vacío tanto mas angustioso cuanto que el joven es presa de deseos y pulsiones desconocidos hasta ahora y contra los cuales tiene que luchar. Tal vacío debe ser rellenado con nuevas identificaciones que, en los casos favorables, restaurarán el sentimiento de identidad y estima de sí mismo, devolviendo al adolescente a la tranquilidad. Hay un auténtico proceso de duelo por la “muerte” del modo de vivir y relacionarse con la niñez.

Al principio se asiste con frecuencia a una especie de compromiso entre las antiguas y las nuevas identificaciones. Compromiso que demuestra la dependencia inconsciente  con los padres y hasta que punto se mezcla la necesidad de rechazarlos con la de conservarlos: el deseo de ser considerado como adulto, en el afán de ser tratado y protegido como un niño.

Todos conocemos estas llamaradas de amores apasionados que consagra tan frecuentemente la chica adolescente a una mujer de mas edad -maestra, señora, hermana mayor de una amiga-, que desempeña entonces el papel de sustituto maternal. Algo similar sucede con el chico que, en plena rebelión contra el adulto, puede dedicar también una admiración, aunque tal vez menos apasionada y exaltada, a un maestro, entrenador deportivo, amigo de sus padres u otro pariente mayor, que considera entonces como un ser aparte y al que se esfuerza en imitar.  Tales identificaciones son útiles- aunque sea a nivel inconsciente- porque, siendo del mismo sexo apartan al adolescente del peligro de recaer en el complejo de Edipo.

En el caso en que la niña manifiesta amor por su padre  y rivalidad hacia su madre se conoce como complejo de Electra.

 

RESUMEN :EDIPO REY. Sófocles.
Edipo era hijo de un rey de Tebas a quien un oráculo vaticinó un destino espantoso. La Pitonisa predijo que el hijo que esperaban mataría a su padre y se casaría con su madre, y para evitar tal abominación, los padres abandonaron a Edipo al nacer. Pero el destino lo dispuso de otro modo. El siervo encargado de la horrible tarea tuvo piedad del niño y lo entregó a aun pastor que servía al rey de Corinto, quien lo llevó a su esposa; como el rey no tenía hijos, adoptó a Edipo y lo educó como si fuera propio. Edipo creció fuerte y valiente. Todos en Corinto lo creían hijo del rey. En una visita a Delfos escuchó del oráculo estas palabras: “ No vuelvas a tu patria porque asesinarás a tu padre y te casarás con tu madre y tu posteridad será odiada por los hombres”.
Edipo, ante esto, decide no volver a Corinto. Recorrió el mundo a la aventura y se dirigió a Tebas. En el camino encontró a un noble anciano que viajaba en su carro acompañado de su guardia personal. El camino era estrecho, el cochero quiso empujar al caminante a un lado y se pelearon. Edipo mató al anciano y a su escolta, y solo un siervo pudo escapar. El anciano era el rey de Tebas, el verdadero padre de Edipo.
Edipo continuo su ruta hacia Tebas, cuya población tenia que soportar a una esfinge, monstruo con cuerpo de león, cabeza de mujer y alas de ave, que daba muerte a quien no acertara la solución de este enigma: “ ¿Cuál es el animal, de todos los seres vivientes, que camina con dos, con tres y con cuatro patas, y que es más débil cuantos más pies tiene?. Edipo no tuvo ninguna dificultad en responder: “El hombre, pues cuando es niño anda a gatas, después camina con los dos pies y la vejez lo obliga a utilizar un bastón como si fuera un tercer pie”. Esta respuesta destruyó el poder de la esfinge. El monstruo cayó desde su roca y Tebas quedó libre. Los tebanos, agradecidos, proclamaron rey a Edipo y lo casaron con la viuda del rey anterior: Yocasta, su madre. Se cumplía, así, la predicción del oráculo. Por un tiempo, Edipo vivió feliz en Tebas y tuvo con Yocasta dos hijos y dos hijas.
Tebas es asolada por la peste, los ciudadanos mueren de a miles y una comisión popular acude a pedir ayuda al rey. Edipo escucha benévolamente y responde que ya tomó sus disposiciones enviando a su cuñado Creonte a Delfos para consultar a los dioses.
Creonte regresa poco después portador de un mensaje de Apolo: la maldición recaerá sobre el país hasta que no se encuentre al asesino del rey anterior y sea muerto y castigado. Edipo promete que se castigará al asesino.
Consulta a Tiresias, un adivino griego, pero este prefiere no responder. Edipo se enoja, se cruzan reproches y por fin el adivino exclama: ¡“Tú eres el asesino, tú eres el hombre que buscas”!

Pasqual Casalta. Enero 2011.   www.psicocasalta.com