Carpe Diem.

Normalmente ahorramos tiempo en una cosa sólo para invertirlo en otra; es una cadena sin fin en la que el tiempo es siempre «para algo» y nunca queda para uno mismo.

Adueñarse de nuestra propia vida implica saborear el ahora, abrir los ojos a lo que se tiene entre manos en este instante, más allá de los deseos interiores y de las presiones exteriores.

Esta costumbre de centrarse en el aquí y ahora, además de placentera, es inteligente, pues cada persona tiene un ritmo determinado, si intenta sobrepasarlo- para acabar antes o satisfacer a los demás- no llega a ser consciente de las vivencias y, aunque corre, suele tardar más, porque comete fallos o deja cabos sueltos. Mantener un «tiempo» controlado permite rendir al máximo y hacer nuestra la realidad. Se trata de un derecho que muy pocos ejercen: es normal temer a la muerte, sin embargo, no se repara en que la existencia se pierde momento a momento.

Propongo algunas claves para recuperar el control de nuestra vida:

Apreciarla.

Implica tomar conciencia de lo que se hace en cada momento, incluso cuando se realiza tareas normalmente consideradas poco gratas o nimias. Cualquier tarea por aburrida o desagradable que sea, se puede convertir en un placer si se aprecia el aquí y ahora y se valora lo esencial.

Defenderla.

Es imprescindible dominar el arte de moderar las expectativas de los demás, aunque ésto, a veces, lamentablemente, suponga decepcionarlos.

Igual que la vegetación cierra los senderos del monte si nadie pasa por ellos, nuestra vida tiende a ser invadida, (por la televisión, las ofertas, los viajes, el consumo, el trabajo, etc…), si no lo impedimos.

Al fin y al cabo, ha de controlarla alguien y, si no es uno mismo, pronto lo harán los otros.

Arovecharla.

Sabemos que las ocupaciones son como los líquidos, tienden a adueñarse de todo el espacio que les es posible.

Por tanto, lo mejor es pensar lo que uno desea hacer y cuanto tiempo le interesa emplear en ello.

Organizar el propio tiempo es un ejercicio de reflexión sobre la propia existencia: es buscar sentido a lo que se debe, puede y se desea hacer con ella.

Este ejercicio de responsabilidad redunda en el desarrollo de la propia capacidad y bienestar. Quien controla su vida reconoce su grado de responsabilidad en cada una de las cosas que piensa , comunica y hace. Así se centra en lo que sí está en su poder de conseguir. El resultado es que crea sus circunstancias y se siente poderoso. Sabe que la vida está  en sus manos. ¡Y se siente en BUENAS MANOS ! .

 

Pasqual Casalta. Vila-real. Cs. Junio/2010.