Aprender a controlar el estado de ánimo

Cuando un estado de ánimo depresivo tiende a perpetuarse en el tiempo, la. situación personal se agrava. Dominar los pensamientos y sentimientos negativos que generan la incapacidad de afrontar los acontecimientos vitales ayudan a salir de esta “visión de túnel”.

La línea divisoria entre las “caídas” normales de la vida y la depresión permanente no puede definirse fácilmente. La alegría, la satisfacción, la tristeza y la desesperación son puntos diferentes de un continuo y cualquiera puede ocuparlos en un momento dado.
Por ello, sentirse un día triste no implica sufrir una depresión. Un estado emocionalmente débil suele ser algo frecuente ante situaciones de la vida cotidiana, sin tener por ello que desembocar en la desesperanza.


Cuando la tristeza perdura
Sentirse mal ante hechos dolorosos significa estar en contacto con la realidad y por ello, la depresión puede ser una respuesta adecuada a los acontecimientos intensamente tristes como la pérdida de un ser querido.
Es muy importante estar alerta ante este tipo de estados de ánimo. Si se prolongan durante tiempo, es probable que constituyan un síntoma inicial de depresión. Con frecuencia, el sentimiento de tristeza viene acompañado de otros, como el de culpabilidad, irritabilidad, baja valoración de uno mismo, desesperanza, cansancio, pérdida de peso significativo o disminución del apetito. La dificultad para dormir, la disminución del deseo sexual y la pérdida de interés por la familia, los amigos y el trabajo son otros aspectos presentes en quien sufre este bajo estado emocional.

EL PENSAMIENTO NEGATIVO Y PESIMISTA:
Son estos patrones de pensamiento los que constituyen el motor principal de un estado de ánimo depresivo. Ante una misma situación, diferentes pensamientos o interpretaciones de un evento pueden conducir a distintos estados de ánimo.
Según el estudio clínico de Beck (1963,1964), en el que se analizaron las conversaciones entre clientes deprimidos y no deprimidos en una sesión de psicoterapia, el esquema general de pensamiento de una persona deprimida se desglosa en estas tres dimensiones:

Sobre sí mismos. Las autocríticas como soy un inútil o no soy bueno son pensamientos dañinos que contribuyen a tener una baja autoestima, una baja autoconfianza, y por lo tanto, impiden realizar cosas que ayuden a sentir mejor.
Sobre el mundo, Observar y recordar únicamente los aspectos negativos de la experiencia en lugar de los acontecimientos positivos. Con frecuencia, este estilo de pensamiento, implica interpretar erróneamente tías situaciones que ocurren en el entorno más cercano.
Sobre el futuro. Lo estropeará todo, no seré bueno para esto, nunca mejorará. La desesperanza, suele ser una expectativa común, cuando la anticipación de un acontecimiento se interpreta en forma de “visión de túnel “.